Senegal huele a pescado fresco al sol...tal como uno se imagina esa combinación. Es tan denso en ocasiones (como en los puertos cuando llegan los pescadores a la tarde) que el cuerpo se cierra hacia dentro y se hace pesado. Entonces está bien esperar un poco, porque lo que vendrá después merece la pena. Es bueno esperar observando, es cuando descubres el halo que alimenta a estas personas. Se mueven con dignidad, tan elegante de gestos que deja sin palabras, sin "por cuás" ni "para qué"s. Son los movimientos de una raza tan conectada a su tierra que desfilan al mismo ritmo...un ritmo sosegado, tranquilo, sin prisa...arrastrando los pies. El calor sofoca si juegas un pulso con él; es mejor adaptarse a su cadencia.
Llegados a este punto el olor a pescado y sol ya se integró y el cuerpo consiguió expandirse y dejó de tener sus limites defensores...ya no se nota tanto. Miras la cara de cualquiera de ellos y está serio: la mirada sabia, cargada de significado, de compromiso con la vida...y con el momento. Y les sonries... y todos! y cada uno! te devuelven la sonrisa.
Ese gesto llega al centro de las costillas y hace ablandar algo ahí dentro, que se deshace despacio como la mantequilla (ese calor que puede más que el del sol). Se deshace y va irrigando todos los rincones del cuerpo. Es un poco como agua salada. Senegal tiene sed. Las grandes sequias durante años hicieron subir el agua del mar hasta los ríos, y ahora sale por los grifos... Senegal tiene sed, los manglares tratan de detener la invasión de la sal, y las distintas etnias bailan sus danzas tradicionales para sudar y que el cuerpo transpire.
Si los baobabs hablaran, su lengua podría ser el uolof. Es un sonido de viento, sol, y músculo-tendón. La conversación comienza como un rezo: ¿como estás? Ça va? Ça va bian...Kassumaye? Kassumaye bere. ¿Y tu familia? ¿Y tu trabajo?... y si ocurre un silencio, y la cabeza se refugia en los humedales de la mente...alguien vuelve a preguntar para traerte a este momento presente...¿Ça va?...y otra vez a empezar...
Saber, sabe a cacahuete. Senegal, a cacahuete, a anacardo tostado en humo, a pescado fresco con salsa yassa de cebolla-limón y pimienta, a arroz.... y a frutas esperando, fruta prometida. Sabe a baile, a música que se cuela por los pies y va subiendo, subiendo...hasta que explota en movimientos enérgicos, en un punto en el que uno no puede parar...no puede...porque el cuerpo entero sonrie y quiere más. Aquí, los niños son transportados a las espaldas de sus madres cogidos con un hato...y aprenden a bailar cuando a su madre se le mueve el alma, así, de bebes... Senegal sabe a familia, a respeto a los mayores, a conexión con la vida...
Se oyen los pájaros,las cabras y los becerros esperando a ser sacrificados tras el ramadam; el tiempo pasando, los niños (millones de niños por todas partes) jugando con la risa. No falta el sonido de los tam-tams...que llega, llega a nosotras. Ritmos del jembé, del bongolom, del tam-tam telefonic...ritmos que surgen a partir de la repeticion de las tareas monotonas del campo: recoger el arroz (agacharse, coger el tallo, separar el grano, volver a plantar...conlleva un ritmo...que a fuerza de repetirse crea una canción a ritmo de percusión). Por el sur no se pasea andando ni en coche, sino en piragua...paseos rodeados de manglares...islas por aquí y por allá. Poblados de gente reunida en la plaza principal, que no es otra cosa que el espacio que hay alrededor del árbol más milenario de la zona, los baobabs o las ceibas...árboles de tronco ennudado, donde cuelgan los huesos de los animales sacrificados para alimentar a los espíritus...huesos sobre los que el tronco va creciendo y va abrazando, hasta engullirlos y dejar que sean parte de él...ay! esos huesos que había ido a buscar a africa...
Ahora es época de terminar la cosecha y todos se preparan para la lucha. La costumbre es que una isla se reune y elige a otra para luchar. Se preparan con los ritmos diolas, los tamtams y la danza, y cuando han conectado con la potencia se van a las piraguas para llegar a su isla contrincante. Los contrarios los ven llegar por el rio...a lo lejos. No saben cual es su isla atacante, pero tienen claro lo que tienen que hacer: todos corren a buscar comida, pescado, arroz...durante una semana les toca dar de comer a los visitantes. Cuando la tribu atacante llega a la isla cada uno elige a su contrincante, lo elige según peso y caracteristicas fisicas similares...y asi se establece la competición. La lucha no consta de golpes...simplemente se enfrentan cuerpo a cuerpo, y más vale maña que fuerza, porque gana quien consiga que el otro toque el suelo. Cada visitante también elige a otro que le dará cobijo durante la semana entera en su casa. Luchan y comen...comen y luchan...y rien, y disfrutan. Al final de la semana quedan unos cuantos ganadores, los mas fuertes, los mas potentes...que seran los mas buscados por las chicas (jajajajaja...es lo que tiene el ligoteo). Y luego se despiden....hasta otra.
Ellos lo llaman lucha. Y a mi!...que me parece una danza...
Se ven los rojos del barro, los verdes de los árboles y los manglares, y el amarillo de la honestidad de sus gentes (la conocida teranga senegalesa...una hospitalidad con tintes fraternos...alli son todos hermanos, simplemente es eso, asi que tu tambien lo eres...aunque tengas la piel blancuzca y descolorida...eres un hermano). Los colores de la bandera. Colores que conviven en equilibrio, como sus tres religiones: catolicos, musulmanes y animistas.
Pero lo que más llama la atención es el festival para los ojos que son ellas, las mujeres...vestidas con telas de todos los colores, telas que las adornan...aunque no tanto como su belleza. No he visto a mujeres más bonitas todas juntas en mi vida. Y ellos...ellos también...cuerpos fibrosos, musculosos y bien distribuidos...de sacar agua de los pozos, de recoger arroz, de llevar canastos enormes sobre la cabeza sin pestañear, de remar, de levantar sacos sin inmutarse...de vivir la vida en contacto total con la naturaleza, con ese entorno salvaje.
Y el tacto...a sudor y tierra. A sol, a piel curtida por una historia dura, de generaciones de esclavos, aquellos que por "salvajes" eran sustraidos de sus casas y separados de sus familias, mandados fuera de africa sin retorno, por los "educados-delicados-culturizados-evolucionados" colonizadores. La ironía es insuficiente en este caso.
Senegal late al ritmo de la tierra y soporta sobre los hombros el peso de muchas injusticias por falta de oportunidades, y por un clima acalorado. Pero Senegal está en paz, no se siente víctima ni pide revancha...Senegal tiene vida en sus ojos, aire en sus pulmones y sangre en sus venas. Hoy por hoy, es más de lo que muchos pueden decir.
